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Cabrera

Cabrera
Corredores de Villar del Monte. (Pilar Ortega y Severino Carbajo)

Nevada en Truchillas

Ayer día 26 amaneció nevado...nevadísimo y precioso así que cogimos las máquinas de fotos y nos fuimos a disfrutar de la mañana soleada.
Esperamos que las disfrutéis también vosotros. 









         


                

LIBRO PUBLICADO RECIENTEMENTE POR MANUEL GARRIDO


 Ayer domingo, día 12 de enero, Manolo Garrido amigo de tantos años que también habito esta querida  Cabrera nos sorprendió con un pequeño librito. En él nos hace una cariñosa dedicatoria y recorre con nosotros esos primeros pasos en Truchillas también es una recopilación  de artículos suyos que salieron en prensa relativos a nuestras exposiciones.





                                                                                        Prólogo









Momento de la inauguración








Asi amaneció Truchillas el día 23 de diciembre de 2009

Exposición León 2009


video

Pilar Ortega y Severino Carbajo llegaron a La Cabrera hace 35 años y allí se quedaron para vivir y, aunque entonces no lo sabían, también para pintarla.«Cuando llegamos a Truchillas la vida en La Cabrera era oscura, fue como volver al medievo. En las casas había pocos huecos abiertos para evitar el frío, y la vida era muy rudimentaria. Pero ahora se vive como en cualquier lugar, eso sí con una tranquilidad que no hay en otro sitio», comenta Severino Carbajo. Llegaban de Madrid, cuando a la gente de La Cabrera le entró la «enfermedad de marchar», como bautizó a la emigración un vecino de Saceda.En ese sentido admiten que su trabajo puede, y quiere, ser una denuncia y una forma de concienciar a la gente. “Sí ha cambiado el aprecio que se le tenía a las viejas construcciones, a nuestra arquitectura tradicional, al ver que se han publicado libros sobre ella y se la valora mucho, que hacemos exposiciones en las que se reivindica su valor... En Truchillas, por ejemplo, se ha sacado la piedra de muchas fachadas, se han vuelto a hacer casas de piedra con balconadas y demás y se ha detenido una moda que llegó hace unos años del cotegrán”. Ellos, mientras tanto, ahí siguen con su vida y con su lucha. Con sus lápices y pinceles como arma de denuncia. “De hecho ya estamos trabajando en otro proyecto en el que el gran protagonista sea el paisaje, el otro gran damnificado de la Cabrera”.

Exposición Zamora Museo Etnográfico 2006


Pilar Ortega y Severino Carbajo: Una ventana con vistas a Cabrera

Me corresponde por segunda vez el honor de presentar el trabajo de una pareja de pintores, Pilar Ortega y Severino Carbajo, vecinos de Cabrera y amigos, que nos muestran una realidad olvidada con la que conviven todos los días, la arquitectura popular cabreiresa, en una demostración de amor que compartimos y también sufrimos en su progresiva destrucción. Pero no es hora de lamentos sino de gozos, de disfrute de estas obras, animados por la inagotable y admirada Concha Casado, auténtica animadora e impulsora de esta exposición que busca de nuevo redescubrir Cabrera, abrir una ventana con vistas a su arquitectura, dar un marco a esta belleza que, por lo cotidiano, lo racional y lo directo de sus soluciones, se olvida y se minusvalora, contrastando con las imágenes virtuales de consumo que impregnan muy habitualmente la nueva arquitectura, olvidando la imprescindible vinculación al lugar.

En técnicas, expresividad y formatos distintos la obra escogida para esta exposición nos ofrece dos visiones diferenciales, dentro del llamado Nuevo Realismo, que continúan anteriores líneas de trabajo desarrolladas por los autores. Líneas y visiones que se complementan, permitiendo comparaciones directas en algunos temas similares elegidos y que claramente se ha volcado en esta ocasión por el protagonismo de la arquitectura en su contraposición y complemento con el paisaje rural.
Los dibujos a lápiz de grafito de Pilar Ortega escogen como actor único a la arquitectura popular en distintas escalas y detalle, en un acercamiento preciosista donde despieces, relieves, texturas tienen su máxima expresión, y cuya insistencia y precisión, como hemos indicado anteriormente, no tienen antecedentes en el terreno artístico pictórico, recordando en su acercamiento casi etnográfico a algunos de los dibujos de campo del maestro Julio Caro Baroja . La elección de los temas indica un conocimiento profundo de esta arquitectura, constituyendo auténticos modelos paradigmáticos de sus organizaciones. Así se dibujan desde elementos menores a conjuntos mayores, en un acercamiento en zoom, como cerrojos de madera, incluso con su tranca de dientes abierta donde sólo falta la llave de madera penetrando en ella para abrirla, elementos presentes tanto en cierres de puertas de casas como en edificios de pajares o cuadras, o bocallaves de chapa recortada con formas antropomórficas simplificadas que recuerdan el arte primitivo, sujetos sobre el entablado de la puerta, donde fendas, grietas, puntas de clavos o las propias formas de las vetas y texturas de la madera y el reflejo del paso del tiempo en ellas, quedan plasmados expresivamente con toda precisión en una visión macro.

Los cierres de tabla recortada de los corredores o galerías de madera son otro tema elegido, particularmente en la solución frecuente del hueco dispuesto en la parte central de la galería cerrada completamente con tabla. Vemos en ellas reflejado el abandono o la reutilización, al cerrar con tabla irregular la parte abierta superior al peto, o aparecer las pacas de paja acumuladas en el corredor. Los ejemplos seleccionados nos enseñan algunas de las temáticas decorativas que emplean, extrayendo y dibujando individualmente las distintas piezas trabajadas de tabla del corredor de Trabazos, en una serie analítica que me recuerda alguno de los ejercicios que realizamos con los alumnos en la asignatura de Análisis de la Arquitectura en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Se suman a ellos el hueco de la cocina con el desagüe de la coladeira dispuesta en su alféizar, donde solo falta abrir el cierre de tabla para ver hacer la colada. La puerta entablada con su antepuerta delantera que permite la ventilación interior sin que se abra del todo el paso, evitando la salida o entrada del ganado, con su ventanuco o mirilla, donde claramente se discrimina detallando la textura de la madera de la carpintería frente a la fábrica pétrea del muro, apenas limitada a su despiece. Las chimeneas tronco piramidales revestidas de losas que enseñorean los tejados de pizarra de sus casas, acompañada una de ellas por la salida del humo del horno en forma de pequeño boquero horizontal abierto en el faldón de la cubierta, donde losa a losa y piedra a piedra se dejan reflejados los despieces concretos de cubiertas y muros, donde sólo falta esperar a que comience a salir el humo de su hogar.

Otros temas reflejan organizaciones características de los diferentes tipos de vivienda, como las galerías o corredores cerrados con tabla, desarrollados en más de una fachada con ayuda de tornapuntas y protegiendo el portón carretal, prestando especial atención a la disposición en testero de los hornos, donde muestran su volumen semicilíndrico, con una solución singular escalonada o acompañado del pórtico protector del acceso. O dispuestos en el propio corredor ocupando un tramo, en un ejemplo de Villar del Monte, motivo también escogido por Severino Carbajo.

Podemos destacar por su temática el dibujo de Robledo de Losada donde en un primer plano un cierre de madera protege una huerta que sirve de encuadre a un grupo de edificaciones. Es una composición que se escapa del conjunto de los dibujos presentes en la exposición, donde se contrasta los volúmenes cúbicos, los planos de las cubiertas y las sombras por ellas arrojadas con el mar irregular y luminoso de las hojas de los repollos, en un juego paisajístico desconocido en los demás dibujos, donde la arquitectura siempre domina la escena, sin que aparezca ningún otro elemento que distraiga de su contemplación.

Los óleos de Severino Carbajo nos ofrecen una visión luminosa de esta arquitectura, continuando con los primeros trabajos realizados en esta temática, habiendo perdido matizadamente presencia la naturaleza en sus lienzos en esta ocasión, separándose temáticamente de las influencias reconocidas de Carlos Haes. Villar del Monte, lugar destacado en Cabrera Alta, donde se conservan buenos ejemplos de arquitectura, se convierte en una de las estrellas de sus lienzos, apareciendo repetidamente en varios de ellos. Los temas elegidos completan los realizados por Pilar Ortega, con ejemplos de corredores con escaleras exteriores de piedra, dispuestas en paralelo dejando un pasadizo de acceso a las huertas, o cuerpos cerrados de entramado sobre los accesos al corral, las galerías simplemente voladas y cerradas con tabla o apoyadas en pilastras pétreas, las callejas en pendiente donde se descubre la adaptación de la arquitectura al lugar, con esquinas redondeadas y corredores con escaleras. O los pajares con cubierta de centeno con testero abierto, destacando un singular ejemplo de Villar del Monte con extremo redondeado y muros resaltados escalonados.

Elige también el horno establecido en el corredor de Villar del Monte, dibujado por Pilar Ortega. Este ejemplo de gran formato, realizado en un triptico de tablas pintados de modo continuo que funcionan compositivamente también por separado, ofrece con claridad algunas de las características de estos nuevos trabajos. La casa queda reflejada en su fachada a la calle, con el horno en el corredor como foco central de la composición, contrastando el primer plano de su masa con la tapia baja, dotada de una cancilla de madera, que da profundidad permitiendo vislumbrar un fondo de praderas donde amarillea la hierba, acompañadas y delimitadas de las masas verdes de árboles cercanos. Así la primavera brillante cabreiresa de sus anteriores trabajos se torna aquí en momento más tardío, de estío incluso otoñal, donde aparecen las espigas doradas en primer plano recortadas sobre los fondos verdes que acompañan a los pajares reseñados.

Sin embargo la presencia de la vegetación se comporta como acompañamiento de la arquitectura, teniendo un claro papel secundario, a veces como contraste de lo construido, emplazándose en primeros planos o como fondos de las perspectivas, con empleo de luminosidades distintas. En alguno de los lienzos también hallamos tratamientos donde existe un claro equilibrio entre lo natural y lo artificial, tanto al acompañar como primer plano y basamento de la casa con galería, como cuando se da cuenta de la invasión de la vegetación espontánea de un edificio abandonado, apareciendo luminosa detrás del vano de la antigua puerta, enfrentándola a las texturas y colores de la fábrica y del cerco de madera, en una clara representación romántica. Destaca la fuerza e intensidad cromática que reciben fábricas y corredores de madera, utilizando en ocasiones tratamientos casi impresionistas al representar el estado erosionado y las manchas que ofrecen los revocos de los cerramientos de entramado, con una potencia lumínica casi mágica que hace que el lienzo necesite aire para una mejor observación.

Se emplea también el contraluz y el claro oscuro, recortando por ejemplo en Santa Eulalia las galerías en un fondo montuoso apenas insinuado y de mayor claridad, utilizando los reflejos de los charcos y la tierra húmeda de la calleja como puntos luminosos en la sombra, dotando de una gama de diferenciada luminosidad al conjunto de los lienzos. Repitiendo incluso algunos encuadres ya dibujados por Pilar, como un tramo de calle de Robledo de Losada, donde las gamas ocres obscuras de los primeros planos, en una detallada definición de sus fábricas pétreas, escaleras y corredores, se dotan de luz y profundidad en el fondo perspectivo, incorporando el color verde brillante de dos pequeñas masas vegetales sobre los colores tierras y grises, pudiendo servir esta imagen como suma e integración de las dos visiones ofrecidas por los autores.

En definitiva, resulta difícil hallar una lección sobre la arquitectura popular de Cabrera como la que realizan Pilar Ortega y Severino Carbajo en esta exposición. Se desprende de su pintura una auténtica lectura analítica de sus tipos arquitectónicos y de sus elementos característicos, que explican mejor que sesudos textos como es esta arquitectura, en unas obras donde nunca se verá mejor retratada y en las que se aúnan una singular expresividad y un destacado interés plástico, constituyendo una auténtica reivindicación de los valores formales de estas joyas tradicionales, que raramente va a encontrar mejor casa, un marco más adecuado que el Museo Etnográfico de Castilla y León en Zamora.


José Luis García Grinda